Por: Margarita María Peláez Mejía.
Los primeros recuerdos que tengo de Magdalena se remontan a los congresos de sociología. Me identificaba con ella por nuestra cercanía con la teología de la liberación y por el vínculo que ambas tuvimos con Orlando Fals Borda: ella como compañera de estudios y yo como su alumna.
Virginia Gutiérrez de Pineda fue otro puente para la conversación y el encuentro con Magdalena. Nos unía nuestra condición de sociólogas activistas, no solamente del feminismo, sino también de múltiples causas sociales. Además compartíamos nuestra labor como académicas comprometidas con posicionar, tanto en las universidades como en la esfera pública, los derechos de las mujeres.
Tuvimos numerosas oportunidades de encuentro. Haré énfasis, especialmente, en aquellas que se dieron en los Centros de Estudios de Género de las universidades Nacional, de Antioquia y del Valle. En esos espacios procurábamos discernir cómo establecer relaciones académicas y acciones integrales que dieran respuesta a las demandas de igualdad, distribución, reconocimiento y empoderamiento.
Entre otras, participaban Mara Viveros, Gabriela Arango y Juanita Barreto. Por la Universidad del Valle llevó la vocería Gabriela Castellanos, mientras que por la universidad de Antioquía asistía yo.
Con la creación del Fondo de Documentación Mujer y Género, una iniciativa de Magdalena, tuve la oportunidad de apoyarla recopilando, las publicaciones que teníamos sobre la situación y condición de las mujeres en el departamento de Antioquía y en la Universidad de Antioquía.
Destaco también nuestra confluencia en la conformación de la Red de Masculinidades en 1995, junto con Florence Thomas, Juanita, Barreto, Sara Fernández y otras colegas. A estas redes se vincularon participantes de los primeros grupos de hombres que se nuclean alrededor de los Centros de Estudios de Género. tuve el privilegio de fundar el grupo de la Universidad De Antioquia junto con mi hijo Alejandro Cock Peláez, Jorge Londoño, Jorge Guerra, y los profesores Álvaro Casas y Juan Guillermo Molina.
Otro hecho que nos unió fue el trabajo en la Red de Mujeres y Participación Política. Desde años atrás, junto con Socorro Ramírez, primera candidata presidencial en 1978, con las banderas del feminismo socialista, veníamos reflexionando sobre la importancia de este tema. La creación de la Secretaría de las Mujeres en la Gobernación de Antioquía y el impulso de una política pública para las mujeres a nivel nacional nos llevaron a articular esfuerzos en las regiones y a conformar una comisión nacional integrada por: Cecilia López, Elvia Caro, Rosa Turizo, y quien escribe estas líneas, con el apoyo de los Centros de Estudios de Género y de la naciente Secretaría de las Mujeres de la Gobernación de Antioquía, la primera en el país, y de la cual tuve el privilegio de ser la primera Secretaria.
Esta experiencia contribuyó a fortalecer y servir de referente para la Consejería para la Juventud, la Mujer y la Familia. Tuve el honor de formar parte de su Comité Asesor durante el gobierno de César Gaviria y en administraciones posteriores.
A estas discusiones asistían también las docentes del Grupo Mujer y Sociedad, y Magdalena siempre tenía sugerencias y aportes valiosos en temas como los derechos sexuales y reproductivos, el trabajo doméstico, el empoderamiento de las mujeres, los derechos a la tierra y a la participación social y política femenina.
Cuándo se debatió la Ley de Cuotas, el magistrado Carlos Gaviria presentó la ponencia. La exposición de motivos fue elaborada por Florence Thomas y por mí. Florence me comentaba que discutía con Magdalena los argumentos que llevarían al debate, lo que da cuenta de su permanente, compromiso intelectual y político con las transformaciones que requería el país.
Siempre recordaré a Magdalena, articulando voluntades, tendiendo puentes, formulando preguntas, resistiendo, sistematizando, experiencias y dejando memoria del camino recorrido. Su legado permanece en los aprendizajes que compartió y en las nuevas generaciones que continúan la tarea de construir una sociedad más equitativa.
Magdalena ha sido una intelectual rigurosa, una Feminista comprometida y una constructora incansable de redes académicas y sociales. Su capacidad para escuchar, convocar y promover el diálogo deja una huella profunda en quienes hemos compartido con ella espacios de reflexión y acción. Su vida y su obra seguirán iluminando los caminos de quienes trabajamos por la justicia social, la igualdad y los derechos de las mujeres.
Margarita
ResponderEliminarEscribes super bien
Sigue escribiendo
Te felicitol
Con cariño
Saludos apreciada MARGARITA. MARAVILLOSO TRABAJO, POR FAVOR CONTINÚA CONTÁNDONOS PARA CONOCER NUESTRA HISTORIA DEL FEMINISMO. GRACIAS. GRACIAS. GRACIAS.
ResponderEliminarQ reconfortante y esperanzador saber que esas maravillosas iniciativas para apoyar y reconocer la importantísima presencia de la mujer pero de la mano de la del hombre...Q pasó con la Red de Masculinidad del 95?? Me encantaría conocer esos hombres.... millll graciasssss x tan invaluables aportes para una sociedad y comunidad sanas, en cualquier contexto pasado presente y futuro... fuerrrrrrteee abrazo
ResponderEliminarGracias Margarita. Nuestra historia intelectual debe ser reconocida porque se pública y reconoce. Felicitaciones
ResponderEliminarAstrid Quintero. Que gran recordación y memoria…el espíritu que las unió y sigue vivo hoy.
ResponderEliminarCómo siempre maravillada de ti y tu historia!!
Sandra Isabel. Márgara, qué maravilloso texto, recoge de manera magistrales simple, toda esta historia de mujeres maravillosas y de hombres que acompañaron todo este proceso tan importante para nosotras y no puedo dejar pasar tu capacidad para escribir de esa manera tan bonita y sencilla. Mi maestra favorita te quiero, un abrazo,
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